PALMADITAS EN LA ESPALDA


Tengo una amiga que siempre me dice cuando me ve pelín baja, cansada, exhausta y con ganas de tirar la toalla, que lo único que necesito es una palmadina en la espalda, . Todos necesitamos que valoren nuestro trabajo, que aunque este sea nuestra obligación, alguien, sobretodo si ese alguien es gente que quieres, se de cuenta de que lo estás haciendo bien, y que lo haces con toda tu alma, con todo tu cuerpo, hasta el agotamiento. Es  un argumento que utilizo con los padres, con los profesores. Y cuando lo razono, se quedan pensativos, ante una propuesta que no tiene nada de extraordinaria, que sólo es simple y maravilloso sentido común. Les digo que todos necesitamos el refuerzo positivo, mucho más que el negativo, que es por otra parte el más frecuente. Y les pongo como ejemplo un ama de casa. Una madre. Cocina todos los días, con cansancio o sin el, con depresión o sin ella, haciendo posiblemente de todo, verdaderos prodigios,  para conseguir que su casa funcione. Para que nadie pueda decir  “ pues esto está salado, no hay quien lo coma” aseveración que les aseguro, que posiblemente oye mucho más  a menudo , que la de  “ gracias , que rico te ha salido hoy, la verdad es que me encanta lo que haces, o no hay fabada como la tuya”.  Porque parece que nos han educado para no agradecer  las cosas bien hechas, sino para constatar que en un momento dado, algo está mal. Tendemos  a  penalizar  que de vez en cuando no hagas, aquello que haces o debes hacer bien. Y es una nefasta forma de comunicarse emocionalmente. Porque no necesito contarles  lo bien que se sentiría ese ama de casa , si se dieran cuenta, que esa comida diaria,  que ya se sabe que es  su obligación, a veces, puede costar mucho trabajo. Y que prácticamente todos los días sale bien, y sólo alguna vez se pasa de sal. Y esto sucede absolutamente con todo en la vida. Que nos dicen siempre cuando existe más sal de la cuenta, pero nunca cuando todo está en su punto. Con los estudiantes, nuestros hijos, a los que nunca valoramos el que todos los días hagan los deberes, porque  al fin y al cabo ese su trabajo, “ es lo  que tienen que hacer” y que sin embargo enseguida nos damos cuenta y reprochamos cuando no lo hacen. El mismo ejemplo les pongo a los profesores cuando trato de enseñarles el error de no agradecer ese esfuerzo a sus alumnos , de penalizar continuamente.  Les digo que  piensen cuanto  les estimula a ellos ,  el que el padre de un alumno les de las gracias por su ayuda al educar a su hijo, por lo feliz que ese niño se siente con su profe. Todos necesitamos esos empujones. A mi me pasa lo mismo. A veces , como ayer, después de un tiempo,  recibes una llamada y cuando piensas que será una recaída en el problema del paciente, alguien te dice que todo va bien, que hemos conseguido nuestro objetivo, y te agradece tu ayuda, y resulta que te llama sólo  para eso,  y te reconforta , porque como les comento,  cuando todo va bien, nadie se acuerda de decírtelo. Por eso llamadas como las de ayer, o las “ gracias “ especiales del padre de mis hijos, son palmadinas en la espalda, que yo , como ustedes,  necesitamos para seguir tirando. Y quizás cuando el cansancio parece bloquearte , esas palmadinas resultan absolutamente vitales….

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