CONTRA EL BOTELLON TAMBIEN SE LUCHA


No podía dejar de hablar de ello. Es algo que me toca muy de cerca como madre de hijos adolescentes y como profesional. He visto como muchos chicos empiezan por probar el “kalimocho” y jugar “al duro” y acaban en una espiral de alcohol, y pastillas, porros y cualquier cosa que les haga alejarse de una realidad que les agobia, que les oprime, de una familia que no responde a sus necesidades... y no hablo de las materiales. Esas,  seguro que están cubiertas en exceso. Quizás si no tuvieran tanto dinero para gastar los fines de semana, beberían menos, consumirían menos hachís, menos pastis, menos tripis. Pero no puedo dejar de expresar lo que siento, lo que se, después de muchos años de ver como muchos de ellos se van dejando la vida en el botellón... pero no nos alarmemos en exceso. Los que realmente acaban con graves problemas son una minoría, aunque desgraciadamente numerosa: un 15%. Ese porcentaje de jóvenes  bebe todos los días según los últimos estudios, no se quedan sólo en el fin de semana. Tampoco debemos engañarnos. Nuestros hijos beben. Todos, o prácticamente todos. El problema está en cuando no superan esa etapa de experiencias, de primeras borracheras, de integración forzosa en un grupo social con el que se tienen que sentir identificados para sentirse alguien, para sentirse importantes. La primera experiencia con el alcohol, la primera borrachera, yo diría que es hasta necesaria. Espero no escandalizar a nadie. Pero no podemos cerrar los ojos y creer que se puede ser abstemio con 17 o 18 años, porque esos sí que son una minoría. Superada la etapa compulsiva, de inseguridad, de miedo al que dirán, de rechazo a lo establecido, a la familia y a los valores que les tratamos de inculcar , vuelven a su sitio. Sobretodo si nosotros hemos sabido mantenernos en el nuestro, sin escandalizarnos, sin castigos, sin rechazos, sabiendo estar siempre ahí, controlando pero no agobiando. Habiendo procurado también que tengan toda la información posible y que sepan que su cerebro no está preparado para el consumo abusivo de alcohol y otras drogas. Es nuestra responsabilidad informarles de ello...Les decía, que entonces,  volverán con el tiempo a su sitio con respecto al alcohol,  que es afortunadamente lo  normal..
            Pero hoy el  problema está desde luego en la edad de inicio. Y ahí sí debemos asustarnos. Los 13 años de media que se ha establecido en las últimas encuestas , como edad de inicio, si me parece alarmante y desde luego preocupante. No dejo sin embargo de preguntarme, donde están los padres de esos niños y “niñas” ( estamos a la cabeza en consumición, lo hemos conseguido), que hacen cuando ellos están en la calle comprando bebidas en las tiendas a las cuatro de la tarde, cogiendo las borracheras, y volviendo a casa a las diez de la noche, cuando quizás han estado al borde del coma etílico. Son demasiadas horas y ningún niño de esa edad, debe estar sin ningún control de donde o con quien están , tanto tiempo fuera de casa. Resulta desde luego más sencillo esconder la cabeza bajo el ala, y pensar que los cambios de carácter de esos niños , el fracaso escolar, las alteraciones de sueño o de apetito, no tiene nada que ver con las horas del fin de semana, que pasa fuera de casa, desde el viernes al domingo. Pero también creo, como el Dr. Rojas Marcos, que en el fondo de esos niños que consumen compulsivamente, que desatan la violencia contra todo lo que encuentran a su paso, que viven para emborracharse, para consumir cualquier droga y poder conectar con alguien el fin de semana, existe un total fracaso personal, una depresión solapada que puede tener muchas causas, sociales, familiares, escolares, pero  a las que nos tendríamos que enfrentar antes de poner el grito en el cielo porque nuestros jóvenes son irresponsables. Yo creo que la responsabilidad absoluta la tenemos nosotros, los mayores, como padres, como sociedad y como administración que permite que se consuma alcohol en la calle, o en bares, me da igual, a menores, sin decir nada a nadie por miedo a parecer “ represores”. Es un problema de salud y de orden público. Se supone que si se prohibe la venta a los menores, lo lógico sería que también fuera prohibido su consumo... y para eso están las autoridades, para hacer cumplir la ley... lo contrarios sería seguirles el juego a una progresía que prefiere tener a una juventud enferma y contenta, que contrariada ( como es natural por evolución ) y sana. Yo desde luego prefiero que la policía me traiga a mi hijo borracho, que imaginármelo tirado en la calle... será que yo prefiero enfrentarme a los problemas y luchar para solventarlos ; pero no me digan que ustedes no harían lo mismo por un hijo... por ellos se lucha ... como sea y hasta donde sea...y debemos exigir que la administración nos apoye con todos los medios a su alcance... nuestros hijos tienen también derecho a la salud.


Volver