MAVI Y MI PRIMERA VEZ


La escena me resultó familiar. La vi salir apresuradamente del edificio, ya no quedaba nadie en el patio. Se cubrió los ojos con unas gafas de sol y se limpió disimuladamente unas lágrimas. Lo que hizo a continuación me hizo sonreír y los recuerdos me llenaron de ternura y de una infinita nostalgia. Ella se había escondido y espiaba a su hijo tras la ventana. Trataba de constatar que ya no lloraba, no podía irse hasta que él estuviera tranquilo. No le importaba ni el trabajo, ni su posible retraso. Tenía prisa, pero no podía marcharse después de haberle visto agarrarse a sus faldas, mirarla suplicando, y decirle bajito,” no mami no” mientras lloraba, sin escándalos, pero con una terrible angustia... Había tratado de convencerle, pero al final, la profesora se lo arrebató de los brazos dulce pero firmemente... Otros niños también lloraban, pero sus madres ya se habían ido. Ella no había podido. Era su primera separación. No tenía ni dos años pero necesitaba dejarlo en la guardería porque había vuelto a trabajar, sabía que era necesario y todo el mundo la animaba diciendo que era lo mejor para él. Pero algo le hacía sentirse terriblemente mal. Por unos momentos pensó  en llevárselo a casa, pero también entendió que esto tenía que pasarlo... que era su primera vez. Quizás como a mí tantas veces, la profesora, la había empujado suavemente hacia la puerta, con una sonrisa algo triste, porque probablemente entendía por lo que estaba pasando. Con cada hijo, con cada separación la historia se repetía... el dolor era el mismo, pero yo sabía que era algo a lo que madres ( ahora también padres afortunadamente) tenemos que enfrentarnos cada vez. Quizás ella que ahora tenía un aspecto mucho más tranquilo cuando se apartó de la ventana, tiene la suerte que yo he tenido... quizás, pensé viéndola, se quedará muchas otras veces mirando por la ventana viendo como Mavi canta el himno del sporting, como pone la bandera cuando el equipo gana, como canta y ríe con los niños, como los acoge en sus inmensos brazos en los que tantos niños han tenido su cobijo, su sitio. Cuando nos vamos, esas primeras veces, sabes que ella lo cogerá, le secará las lágrimas y le contará una historia y le cantará una  canción en asturiano. Hará el payaso y el se reirá... y cuando volvamos a recogerlo, con el corazón a mil por hora, ella te esperará siempre cercana, siempre sonriendo  y entenderá por lo que estás pasando... aunque lleve toda su vida separando a los niños de sus madres en los primeros días. Yo sé que nunca ha sido una rutina para ella, le he visto muchas veces los ojos brillantes y me he ido triste pero tranquila... Cada vez, con cada hijo. Pensé que a esta chica, que hoy llora, le  queda lo mejor... lo peor ya ha pasado. Esta separación es solo la primera de otras separaciones mucho más traumáticas... Este es el principio de una serie de descubrimientos que la harán olvidar esos angustiosos primeros días de guardería...  Aún le queda su primer garabato, las primeras notas, la primera excursión cuando bajan irreconocibles,  medio dormidos, agotados y sonrosados... le quedará para siempre en la retina la imagen de todos los niños en fila por la calle, cogidos del cinturón del mandilón siguiendo a su “ seño” hasta el Molinón para ver un entrenamiento... Se emocionará como su hijo con  la llegada de los reyes a la guarde,  con el “ maguestu”,  con el día de la madre... ¡ le quedan aún tantas cosas maravillosas por vivir! Tuve que frenarme para no bajar del coche y contárselo, porque sabía por lo que estaba pasando ella y tantos padres como ella... Tenía ganas de decirle que estuviera tranquila, que mientras exista Mavi y muchas otras “ Mavis” , el dolor aunque inevitable,  se convertirá en una inmensa gratitud por haber hecho felices a tus hijos,  por las conversaciones en la escalera, por el consuelo, por las risas, por el sporting,  por reírse tanto y por el inmenso amor que siente hacia todos los niños... por esos ojos, que a pesar de todo lo que puedan llorar, y sufrir, siguen riendo solos, por ser tan especia y hacer que yo, como tantas otras madres recordemos sonriendo aquellos tiempos en que los niños eran nuestros... aquellos días en los que nuestro mundo giraba maravillosamente alrededor de ellos, y Mavi era el centro de ese mundo...Por todo, Mavi, que no se me olvide... Gracias.

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