AMOR DE VERANO 


He participado en una tertulia en televisión  en la que se hablaba entre otras muchas cosas de la pasión y el verano. Todos estábamos de acuerdo en que el verano es una estación propicia para el amor, para los ligues y para el recuerdo. De alguna u otra manera todos  tenemos recuerdos de un amor de verano, posiblemente el primero, en los que aparece indefectiblemente la playa, el sol, el agua, la música, la sidra  y las vacaciones. A veces es un amor nuevo, que surge para algunos, como un añadido a las ofertas de vacaciones. Son los que hacen del ligue un arte, y para los que está diseñado el contenido de muchas revistas con reportajes intrascendentes, fresquitos y veraniegos entre los que no faltan, las mil y una formas de ligar en verano, o como “ enrollarte” mas y mejor...        Pero para todo existen fundamentos científicos y la pasión no se escapa a ellos.
Es sabido que nuestras hormonas influyen decisivamente en nuestro comportamiento ( y si no que nos lo pregunten a nosotras y a nuestro síndrome premenstrual) y como no, también en las emociones amatorias. Cuando hay más luz, se segregan más hormonas  y hablando de ellas, la  principal hormona del amor, la testosterona, aumenta cuando el día es más largo, es decir en verano. Comienza a incrementarse en primavera ( ese dicho de la sangre altera) y alcanza su máximo nivel en verano, por lo que nos predispone para el amor. Sin embargo, y como bien dice un colega, no somos sólo producto de la química, ni mucho menos. En el caso del amor nuestro órgano clave es el cerebro y con esto les quito a ustedes la disculpa del desenfreno por culpa de las  hormonas. Es nuestra imaginación, unida a  un entorno adecuado, la que puede avivar la llama de la pasión , la que hace que un adolescente se enfrente en esta estación del año a su primer amor que, piensen sino  en ustedes mismos, suele ser un recuerdo de verano. Las fiestas, las salidas nocturnas, la playa, la piscina,  son un ambiente más que propicio para fomentar amistades que se van transformando en amores y romances veraniegos. Se vive más en la calle, normalmente los chicos disfrutan de más libertad porque los días son más largos, es habitual que las primeras salidas de noche coincidan con la época estival. Un concierto, la Semana Negra, el día de los fuegos, “las fiestas de prao”... y claro, todo se conjura para el mágico momento del amor... Es importante que ustedes como padres , sepan reaccionar ante este primer amor, que en ocasiones  puede llegar a ser traumático. Por ello eviten ridiculizar este momento, y en el caso de que tengan la suerte de enterarse, no se lo tomen a broma, y digan el clásico “ ya te lo decía yo” cuando ese amor se convierta en un buen recuerdo. Eviten en lo posible los comentarios sarcásticos, ridiculizarlo delante de nuestros amigos o menos todavía, prohibirlo, porque entonces no harán más que convertir esa pasión en algo trasgresor  y por tanto mucho más atrayente. Sería bueno, pero no debo engañarles , muy raro, que su hijo o hija se confiaran a usted, que de alguna forma se sintieran apoyados y que pudieran expresar sus sentimientos y aprendan de esta nueva experiencia... procure no criticar al elegido o la elegida, no convertir cada llegada a casa en un interrogatorio de tercer grado, porque lo más probable es que entonces le cuente a usted lo que desea oir o se produzca uno de esos enfrentamientos que es mejor evitar sobretodo en verano cuando todos estamos de vacaciones.
Ante el primer amor de nuestros hijos, hay que estar preparados, hay que hacer un ejercicio de memoria, volver la vista atrás y recordar que hace mucho, mucho tiempo nosotros éramos como ellos, y  que a pesar del cambio de costumbres, de reglas, de diversiones, los sentimientos amorosos, hoy , ayer y mañana son los mismos y que el amor de verano, el primer amor,  sigue siendo eso.. amor... por mucho que se empeñen en decir lo contrario... no lo olviden.


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