LA AUTOESTIMA Y LA TERCERA EDAD


HLa autoestima es la clave para evitar muchos trastornos que azotan a nuestros niños y a nuestra juventud. Fracaso escolar, depresiones, trastornos de la ingesta como anorexia y bulimia, podrían evitarse si logramos que nuestros niños tengan una buena autoestima, enseñarles a quererse desde pequeños evitaría tantos problemas, ellos son el futuro y yo he estado con el pasado... con un pasado que no facilitaba precisamente el amor a sí mismos...
            Hablo hoy de esto porque tuve la suerte , hace poco tiempo, de dar un curso de autoestima a unas personas que no eran precisamente niños y a los que vi con la autoestima muy deteriorada. Gustarse a si mismo no es una tarea fácil, cuando la imagen que se está dando en los medios de comunicación, y en la sociedad en general es la de una persona “joven”, con un cuerpo 10, una mente privilegiada y si es mujer, una “superwoman”, puesto que debe ser la mejor en el trabajo, siempre fuera de casa, claro, porque quedarse a cuidar la familia está absolutamente devaluado . Ante esto, esas personas con las que tuve el inmenso placer de estar, la mayoría de la tercera edad, me hablaron de autoestima, algunas con lágrimas en los ojos, porque ellos nunca la habían tenido. Muchas de aquellas mujeres han tenido que soportar una educación en la que lo único que primaba era el ser la  esclava del señor al que había que servir y aguantar incluso en ocasiones hasta los malos tratos... porque esa era la educación y los mensajes que ellas recibían. Muchas   de esas personas acudían al taller porque querían aprender a quererse... algunas ya lo habían conseguido, otras estaban en el buen camino. Ustedes saben que mi especialización son los niños y los jóvenes, pero si me han seguido en las páginas de este periódico, también sabran que hubo algo personal en mi vida que me hizo sentir algo especial, algo diferente por los ancianos. Una ternura inmensa y unas ganas terribles de ayudarles a que ahora puedan vivir mejor que nunca.... porque se   que a veces se quedan solos en la última hora, cuando ya no valen, cuando son inservibles, con las residencias llenas de “padres y madres” (no sólo ancianos)que en su día lo dieron todo por sus hijos.. Por eso fue especial aquella charla de autoestima para ellos... y si lo que yo les dije  les ayudó algo, ellos con su actitud me hicieron crecer por dentro.. Es difícil quererse a sí mismo, respetarse, cuando toda la vida te han dicho que no vales para nada, que eres un desastre,  que mejor que no sigas estudiando, que tu no opines, y que encima te pongas  a “régimen porque estas como una vaca”... son personas, especialmente mujeres, que nunca han dicho no, que siempre se sintieron inferiores a los demás y por lo tanto debían cumplir y realizar lo que querían de ellas, aún a costa de su dignidad, de su estabilidad emocional, o de su salud. Nunca se atrevieron a decir no a la humillación, no al sacrificio por sus hijos cuando estos no se lo merecen, no a quedarme en casa mientras tu te vas al bar porque es lo normal, no  a tenerte la comida en la mesa cuando llegas dando gritos, no a aguantar tus celos paranoicos, no a castigar mi cuerpo con todo tipo de dietas porque nadie me acepta gorda  y no a convertirme en una mujer amargada a quien nadie le valora nada de lo que hace, que es ni más ni menos, que dar su vida por su familia... por eso cuando aquella mujer me dijo al día siguiente que por primera vez en su vida había actuado y había dicho no... sentí que nunca es tarde....  y Dios quiera que siguieran su ejemplo tantas y tantas personas de la tercera edad  en quienes también vi en ese curso, el brillo de la esperanza en los ojos... la esperanza de aprender a quererse, porque nunca, nunca es tarde...

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