GOMAS DE BORRAR


Siempre quise gomas de borrar recuerdos. Gomas que borraran todo lo malo de mi vida. Gomas mágicas, como las que yo usaba para borrar las pesadillas de mis hijos,  mágicas porque realmente las borraban, porque la magia de la fe ciega en su madre y en lo que ella decía, conseguía que ellos se abandonaran a unos sueños libres de terrores y  miedo. Pedí e imploré durante muchos años, gomas que borraran el diagnóstico mortal, gomas que borraran aquellas palabras que simplemente significaban que se iban aquellos a quienes aún echo tanto de menos. Quería simplemente olvidar aquella realidad, no verla, que alguien,  por Dios, me la borrara y poder vivir aquellos años, aquellos últimos años, sin ese dolor tan inmenso que se instalaba en mi vida, cada segundo que viví en esa angustiosa espera. Sigo queriendo esa goma. No solo  para mi, sino para muchos otros. Para todos aquellos, que quieren gomas que borren malos recuerdos.
 
Para todos aquellos que necesitan olvidar, que necesitan borrar y dejar en blanco, toda una vida. Empezar de cero, olvidar palizas, como las de esa niña que aún recuerda las de su padre, como la de esa mujer que me mira aún con miedo, olvidar  las cicatrices en el alma y en el cuerpo del chaval que tengo ante mi, que con 20 años me dice que no puede seguir adelante.Y quiero gomas para borrar todo aquello que nos hace daño. Para borrar los desengaños, las envidias, las traiciones, para borrar el daño de aquellas palabras, o de esa mirada, para que no quede nada y empezar de verdad. Para que las parejas no tengan recuerdos que aplastan, para que los hijos no saquen rencores que desunen, para que los ancianos no tengan que recordar los desprecios de aquellos a quienes más han querido, quiero gomas que borren este afán que todos tenemos por seguir teniendo y no siendo.

 

Pero ya ven, nos encontramos con otras gomas, que no son mágicas, que va, que forman parte de la vida, y que van borrando otras cosas… que van borrando las sonrisas incondicionales de tus niños, los te quiero a media lengua, que borran las risas inconscientes,  que borran las charlas interminables, ante un café, sin que el tiempo importara, porque sólo había unos ojos que mirar, porque solo había en el mundo, una voz que escuchar, porque aún no se había borrado el tiempo, y era todo nuestro. Gomas que borran los sueños imposibles que son los que realmente dan brillo a esos ojos, que son los que les dan vida, los que los hacen jóvenes. Esas gomas  letales, peligrosas, vienen en forma de reproches, de resentimiento, de rencor, de gritos, de palizas, de incomprensión, de falta de comunicación, de fracasos escolares, toman la forma de los padres que no comprenden , de padres que no lo son,  de hombres que maltratan , de mujeres que no actúan,  vienen en forma de alcohol, de cocaína, de canutos, y también de indeferencia, de marginación y rechazo,  adoptan miles de formas hasta que borran el  brillo de los ojos que aún confían, que creen que todo puede cambiar, que aún esperan,  y cuando por fín, les borren toda la luz, esos ojos  simplemente estarán muertos. Aunque sean ojos jóvenes, aunque sean ojos de niño, aunque tengan 15 años…Y hay, se lo aseguro, miles de miradas muertas por ahí.


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