POBRE NIÑO RICO


Era de esperar. Sabemos que existen muchas probabilidades de que los hijos adolescentes de padres separados presenten problemas de conducta, cuando esta separación es conflictiva, como ha sido el caso del príncipe Enrique de Inglaterra,  que primero vivió la disolución del matrimonio de sus padres y luego la muerte de su madre. La verdad es que tenía todas las papeletas. Los últimos estudios indican que los hijos de padres divorciados presentan hasta en un 30%,  problemas de conducta frente al 10% de hijos de hogares estables. En este caso las probabilidades eran realmente alarmantes. Hablamos de hijos que han sido “ internados” en colegios de lujo, que como todos sabemos, sobretodo en Inglaterra, suelen ser reaccionarios y de costumbres absolutamente obsoletas. No hay más que pensar en que podría pensar un niño de 12 o 13 años que acaba de perder a su madre, después de haber sufrido un divorcio totalmente traumático, y que se encuentra solo, absolutamente, durante muchas horas al día, durante muchos días y muchas noches, con la posibilidad a su alcance, por dinero y por el entorno en el que está , de amortiguar ese dolor entre el humo de un porro o con la “ marcha” que te puede dar una raya de cocaína. Lo suficiente para mezclado con el alcohol, ahogar las incertidumbres, las ausencias y la pena, para que todo marche mejor, al menos , durante unos instantes.
            Las adicciones, la fuga hacia lo inadecuado socialmente, hacia el límite, hacia el peligro,  es parte de la sintomatología de la depresión en adolescentes. Así a distancia, casi, casi,  me atrevo a diagnosticarla a este chico. No es difícil pensar que el desarrollo emocional de este niño no ha sido el correcto. Que las circunstancias que han rodeado su vida han tenido que marcarle negativamente y abortado un normal desarrollo emocional. Supongo, y hago un análisis arriesgado, que la figura paterna no resulta tampoco adecuada para que pueda identificarse con ella, y desde luego estando interno, tampoco es cercana. El adulto que tiene que estar cerca del adolescente no existe,  al menos que sepamos. Quizás un guardaespaldas, un tutor, un amigo, pero que nunca suple la dedicación que un padre debe dedicarle, sin presión, pero constantemente  a un hijo adolescente que necesita unas pautas y unas directrices, que sólo se consiguen con el ejemplo y con el amor incondicional a un hijo. No se si el futuro rey de Inglaterra cumple estos requisitos, pero su actitud a lo largo de los años, por lo que sabemos , no ha sido precisamente ejemplar. No hay mas que imaginarse lo que estos niños habrán oído de otros niños, que como sabemos  pueden hacer mucho , mucho daño, sin tener en cuenta la nobleza o el título que ostenten, porque al final, en el colegio , en las riñas, en las juergas, en los ligues y en las drogas y el alcohol, son unos más, como los demás de su alrededor...unos niños ricos y solos.
            Su padre le ha llevado a un centro de desintoxicación para que vea las consecuencias de sus actos, pero el príncipe no necesita eso. Necesita lo que tantos otros niños: tiempo y amor a manos llenas, paciencia y lucha, toda la lucha que sólo un padre o una madre que quieren de verdad pueden afrontar para salvar a un hijo. Las mejores clínicas de Inglaterra, los mejores especialistas y los mejores internados, nunca podrán suplir la carencia de Enrique... Pobre niño rico.


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