QUERIDO PROFESOR


Querido profesor: La semana pasada traté de hablarle a tu alumno. Hoy quiero hablar contigo. Espero de verdad que entiendas que te escribo desde el corazón, como madre y como profesional. Verás, entiendo tu desencanto. Tu frustración. Entiendo tu lucha. Que sepas que la comparto. Que entiendo que lo has intentado, quizás muchas veces, sin ningún resultado. Que se que la sociedad no valora lo que haces, que el prestigio social y la compensación económica es mínima. Lo se. Te lo juro. Pero quiero intentar, si es posible, llegar a esa parte de ti, bloqueada desde hace años… quizás demasiados. Cuando empezabas. Cuando de verdad querías enseñar de una forma diferente. Cuando tratabas  de que tus alumnos fueran bien preparados, cuando innovabas, cuando luchabas por  cambiar el mundo de la enseñanza… también se que poco a poco, te has ido acomodando. Que te has ido cansando.. quizás a veces, te has amargado.  Que te has encontrado con alumnos desmotivados,con leyes injustas, con continuos cambios que te obligaban a reciclarte continuamente sin demasiado sentido, quizás sin entender siquiera la finalidad de esos cambios, sin compartir los objetivos…Se que a veces has luchado en vano, con padres que trataban de que tu solo, solucionaras lo que ellos no podían ni querían enseñar en la familia; quizás te has enfrentado a compañeros, y al final simplemente te has rendido…pero verás… Desde aquí, quiero intentar mover dentro de ti, lo poco que te pueda quedar de entusiasmo, de ganas de luchar, de fe en tus chicos… porque ¿ sabes? Para mi, eres muy, muy importante. Porque tu material de trabajo, tus herramientas para desarrollar diariamente tu labor,  son ni más ni menos, que mis hijos. Nuestros hijos. Por eso me parece tan importante, tan fundamental, que sepas manejar “ esas herramientas”. Que las conozcas, que trates de tener toda la información acerca del peligro que puede entrañar, manejarlas inadecuadamente. Por eso, querido profesor, te pido que intentes entender a esos chicos, a todos. Te pido que no  les humilles, riéndote de ellos, diciendo que nunca llegarán a nada, que son vagos, inútiles o carne de cañón. Te pido que sigas intentando como antes, como cuando empezabas, como cuando soñabas con la enseñanza,  acercarte a ellos, entender sus problemas, saber que cada uno de esos niños tiene detrás toda una historia. A veces historias muy tristes. A veces son, como tu dices, candidatos seguros a la marginalidad… pero ¿ sabes? He conocido a muchos de tus compañeros que han “ tutelado” ( que palabra más preciosa y que vacía de contenido hoy) alumnos y los han logrado salvar de un destino que era casi, casi inevitable. He conocido a algunos de tus compañeros,   que lucharon codo a codo conmigo por intentar ayudar a un chaval, que se ofrecen a darles apoyo fuera de hora. He oído como muchos padres y madres, recuerdan a un profesor,  como lo mejor que ha pasado por la vida de su hijo. Pero también he oído lo contrario. También se que a veces, el no tener en cuenta los factores que forman todo el entorno de tu alumno, ha hecho que solo vieras sus exámenes, una hoja de papel, quizás en blanco, como la vida del chaval que te la entrega. Quizás ¿ sabes?  has torcido el gesto, con indiferencia , con hastío,  pensando que no le da la gana, y te has limitado a puntuar , a calificar y quizás… en ese momento eres una pieza más en la cadena de su fracaso. Ya se que me dirás que no puedes ser psicólogo, y padre, y madre, y amigo, y compañero, y profesor… lo sé. Pero comprenderás que intente, si es posible, que trates con todos los medios que estén a tu alcance, de entender la historia, la pequeña o gran historia de esos alumnos que son tu herramienta de trabajo, pero que tienen alma, y lágrimas, aunque las disimulen con miradas desafiantes, sonrisas retadoras que ocultan miedo, y pena y sensación de fracaso. Y simplemente que sepas que un suspenso, con una palmada en el hombro y una sonrisa de apoyo, es menos, mucho menos doloroso. Mira , tengo aquí, sobre mi mesa, muchos expedientes. Son informes que hacer. Diagnósticos que dar.pero no son eso. Desgraciadamente no son sólo eso. Todos ellos tienen una cara, una mirada, una vida, que significa algo para mí. Y yo sola no puedo. Estoy cansada. Contigo podría. Entre los dos quizás pudiéramos conseguir que el futuro sea eso, futuro para algunos de esos niños… por eso te pido que no olvides, que nunca olvides, que tus herramientas de trabajo, son ni más ni menos que mis hijos, los hijos de todos… y que yo, como muchos otros, lucharemos por ellos hasta el final... ¿ lo entiendes?

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