REVÁLIDA DE AMOR 


Lo comentaba el otro día, en una charla ante unos padres que acudían a recibir información para  sus  hijos. Una tarea que cada día se vuelve más difícil, porque nuestros hijos crecen en medio de una gran confusión que nos aturde a todos.  Sé que es complicado establecer límites, marcarlos. Es casi irresistible la tentación de dejar que hagan lo que hace  todo el mundo, que no se distingan de los demás, dejarles por tanto que se enfrenten sin ningún tipo de valores , a un mundo que les va a convencer de que el verbo más importante es tener… no ser. Es todavía más difícil cuando en esa información intento convencer a todos esos padres que piden a gritos un libro de instrucciones, que para mayor sacrificio, todo lo que hagas por ellos, todo lo que luchas, todo lo que sueñas, debes olvidarlo en el mismo instante en el que dejan de ser niños. Porque entonces ellos ya no son tú.  Son personas distintas, maravillosamente diferentes unos de otros, y ni tu ni ningún padre tiene el derecho a manejar su vida. He visto por desgracia, demasiados hombres y mujeres a los que sus padres no  han dejado crecer. Chicos y chicas que no saben enfrentarse a la vida, a si mismos, simple y llanamente porque no existen. No son más que clónicos de sus  padres. Son lo que papá  no ha podido ser, lo que mamá ha soñado desde niña… son en fin copias imperfectas, personas a medio hacer. No es fácil que tu hijo o tu hija no sea como tú has soñado. Quizás no es tan cariñoso, o tan hablador, quizás no estudia lo que tu has proyectado, y además para mayor horror, ni siquiera quiere vivir en tu ciudad, se le queda pequeña o tiene un proyecto en otro lado, y con otras personas. Esa es la verdadera grandeza de ser padre, de ser madre. Saber que los educas, que los formas para que se vayan, para que elijan a sus parejas, su trabajo, sus amistades, para que en fin, elijan, ni mas ni menos su propia vida, de la que tú generosamente  sabes apartarte , aunque ellos sigan para siempre,  siendo parte de la tuya.   Ahora, la responsabilidad y el sufrimiento tendrá que ser callado, sin aspavientos, estando ahí al lado, pero nunca encima…Te das cuenta de repente que ya no son “tuyos”, no como hasta ahora,  y que tu responsabilidad acaba cuando empieza la de ellos, cuando te das cuenta de que  tienen que volar solos… Se necesita mucha  humildad para reconocer que quizás lo que siempre has defendido para ti, no sea lo adecuado para tus hijos y  mucha confianza y esperanza en que lo que has sembrado de alguna manera dé su fruto. Antes de recoger esos frutos, tendrás que pasar por momentos muy malos, y empezar a medida que van creciendo, un largo camino por el desierto del desencuentro, de la impotencia, de la inquietud,  un camino en el que a veces no reconoces a tus propios hijos… a esos padres expectantes, que me escuchan porque quieren estar preparados, les digo que esa tortuosa travesía que les espera es la adolescencia de sus hijos  y que dudarán muchas veces de sí mismos y de esos adolescentes que les ponen tantas veces al límite. Pero todo pasa. Todo acaba. También  esa adolescencia,   que se convertirá  en la reválida de lo que ellos han hecho, en la reválida de tantos años de lucha, de sufrimiento y  de dudas, … Y yo sé, que si has hecho los deberes, si has estudiado con todo el amor del mundo y un poco de sentido común, las asignaturas de la vida de cada uno de tus hijos,  ellos sacarán matrícula de honor… y tu te sentirás la madre más feliz de la tierra.  Por eso, no lo olviden…la adolescencia es simplemente   una reválida de amor.

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