GUARDERIA, COLEGIO, UNIVERSIDAD


¿ Se han fijado? Cada setiembre por estas fechas, un poco de tristeza impregna el aire. Primero como niña y luego como madre, este momento ha significado el fin de la libertad; siempre el principio de una separación... en cierto modo la separación de la familia. Cada uno a su trabajo, a su cole, guardería o universidad... una separación que es más dura porque las noches se hacen más largas, el sol más tibio, las sobremesas más cortas,  y el mar es ahora una mancha gris que  pasa rápidamente por la ventana de mi coche, cuando voy corriendo al trabajo, al colegio, a cualquier sitio... ese mar que hace tan sólo unos días calmó mi estrés, mientras el sol calentaba el alma y me sentía como cada verano, la mujer más feliz de la tierra...
            En estos días, se ve cierto ajetreo en la ciudad. Son cientos de madres preparando la vuelta, escogiendo los mandilones, a veces buscando en las mercerías mil detalles para hacerlos más especiales, y es que  para muchas es su primera vez, es su primera separación… preparan su “ ajuar”, sus cosas, la pequeña mochila, la  plastilina, las ceras, las fichas…Se ve la ilusión en la cara de los niños y de las madres… también la pena… ya va al cole.. como pasa el tiempo. Se palpa la ilusión de esperar a ver que pasa, como serán sus primeros días, si llorará el o yo…Muchas de ellas se quedarán agazapadas en la ventana de la guardería,  hasta ver que su niño deja de llorar para poder irse más tranquilas, con el móvil en la mano para informar al padre ( afortunadamente los padres de ahora están esperando esa llamada)  y describir con todo detalle, con inmensa ternura ,  lo que dijo, lo que hizo, como se quedó con la profesora...     
También ves estos días  otras muchas madres haciendo cola,  para recoger los libros de los mayores, que nunca , jamás,  están todos de una vez ( y llevo casi 20 años con esto),por lo que tienes que volver casi cada día, porque falta el de plástica, o el de educación física (¡¡¡), o ¡ señora  es que esta editorial… Empiezas a soltar euros, pero muchos,  muchos euros  con los libros y sigues  con el chándal, con el resto de la  ropa porque este verano ha crecido casi diez centímetros, ...y todo esto, les aseguro ya no con cara de ilusión,  porque esas otras madres  que veo, lo son de niños preadolescentes  o adolescentes del todo… y la cara de asco de los jóvenes es casi tan evidente como la de sus progenitoras y dependientas,  en las tiendas de ropa, cuando prueban dos mil pantalones, todas las minis de Zara, y el color de sus sueños va entre el blanco y el negro, pero desde luego no es el gris… buscando para la desesperación total,  algo que evidentemente solo existe en su cabeza .
Hay otras madres…que hacen también otro ajuar. Estas preparan maletas  que se van a llevar no sólo las pertenencias de sus hijos, sino un trozo de su  corazón, enrollado y arrugado como los calcetines que rellenan las esquinas. Maletas llenas de ilusión para ellos pero también de pena y nostalgia para  sus madres…son esas madres que  se enfrentan a otro tipo de separación, las que dejan a sus hijos, “ mayores de edad”,  en la estación o en el aeropuerto, porque van a empezar a vivir solos… a veces, muy, muy lejos. Y piensan que es ley de vida, que todos los manuales de psicología del mundo, dicen que para eso los tienen, para que vuelen solos, para que sean independientes, para que se vayan alejando de ellas  y aprendan a caer y a levantarse… y se mantienen firmes y no echan ( en su presencia) ni una sola lágrima,  y sonríen y les dicen que sea féliz y que estudie, que coma y que se porte bien. Que confían plenamente en el, en ella, y que nos veremos en Navidad.  Y vuelven a esperar sus llamadas, a pelearse con el “Messenger” y con los email y a tener miedo y a pensar que quizás las necesite, que le notan  la voz rara,  …y siempre quedan con la sensación de haber hecho el sacrificio de su  vida, porque en el fondo, con psicología o sin ella,  esas madres  siguen siendo una gallina clueca, y bajo sus alas hay,  inevitablemente un espacio vacío…

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