TODOS SOMOS RESPONSABLES


No sé… quizás ha sido un cúmulo de circunstancias. Esta semana me he encontrado en tres charlas, en tres ocasiones,  con casi  trescientos padres que acudían para escuchar la información que yo les ofrecía.  Información para ser mejores padres, para educar bien a sus hijos, para saber poner límites, para poder enseñarles tolerancia, solidaridad, respeto  y todas esas palabras que suenan tanto, pero que en momentos como este,  se quedan vacías, sin contenido, que  son sólo una forma de tranquilizar nuestra conciencia, de creernos que realmente los valores que representan,  los llevamos a la práctica… No dejamos de hablar y hacer debates sobre ellas, de condenar la violencia, los malostratos psíquicos y físicos,  no dejamos de escandalizarnos ante la agresividad de cualquier tipo.  Hablamos y hablamos,  y llenamos,  como hago yo ahora, millones de páginas de papel con palabras preciosas , que no son más que eso, palabras.
Este  miércoles , me arreglaba en casa para ir a una de esas charlas. A esa escuela de padres en las que la “profesora” era yo. De fondo, oía  la televisión. Oí el testimonio absolutamente desgarrador de una madre. Una madre que ha perdido a su hijo a manos de la violencia en un campo de fútbol. Violencia ejercida, quizás sin el propósito de matar, como parte de la rutina dominical de cualquiera de esos ultras, de esos radicales que aterrorizan nuestras ciudades… El dolor, el llanto, la impotencia de esa madre me impactó . Había perdido a su hijo la noche anterior.  No paraba de repetir entre sollozos,  que su hijo era una buena persona, que no tenía problemas, ni enemigos, y yo pensaba que quizás por eso había encontrado la muerte. Por defender a alguien  de una violencia que no compartía , por no echarse a un lado y pasar de largo… como hacemos todos. Pero ¿ saben?,  mientras sentía casi como propio,  el horror indescriptible  de esa madre ante su pérdida,  otro pensamiento me paralizó…Pensé  en esas otras  madres:  las de los agresores. Madres y padres de tantos chicos que emplean la violencia, el terror, la fuerza , como forma de rebelión, como escape a una tensión que no saben encauzar. Pensé en que quizás podrían ser compañeros de mis hijos,  chicos  “normales”, chicos que entran en una espiral de odio, que se contagia como la enfermedad más virulenta, que forman grupos incontrolados, arropándose unos a otros,   con el único fin de ser temidos, de ser importantes,  sabiéndose protagonistas, como en las películas que ven, como en los juegos que juegan…  quizás sin saber realmente que están haciendo, simplemente dejándose llevar por cualquiera que les haga sentir la peligrosa sensación de la adrenalina, que puede convertirse en una adicción más … Pensé en que quizás alguno de aquellos chicos podría ser el hijo de cualquiera, de cualquiera de nosotros. Ese pensamiento me hizo especialmente vulnerable en esa charla ante aquellos padres  que recibían mis palabras con el firme propósito, estoy convencida, de intentar hacerlo lo mejor que puedan. Esos padres, ese día, después de la muerte de Manuel en un campo de fútbol, estaban frente a mi, con sus dudas, sus sueños, sus equivocaciones, y yo tenía el corazón encogido, por la pena y sobretodo por la responsabilidad. Me sentí responsable por mis hijos y por los suyos. Responsable por dejar que la violencia y la sangre entre en mi casa, en forma de videojuegos, de series de televisión;   responsable por las veces que yo misma les transmití agresividad, aunque fuera  verbalmente. Responsable por perder el control en tantas ocasiones...  Responsable por no hablar más y gritar menos. Responsable por pasar de muchas cosas , por cansancio, por impotencia, o porque a veces ya no quieres  luchar contra el mundo.. contra este mundo que premia la rivalidad y la supremacía del más fuerte, del que consigue lo que quiere aunque sea a costa de los demás; este mundo del que formo parte, este mundo que yo he hecho, porque con mi silencio, con  la pasividad del conformismo ante lo inevitable, yo también contribuyo a este horror. Responsable por intentar arreglar con leyes o con policía, lo que tenemos que prevenir en casa.  Por eso, ese día,   mirando las caras de toda esa gente, de esos padres,  me sentí responsable…responsable de la violencia , de tantas otras muertes futuras... yo soy responsable. Y ustedes, todos,  también lo son.

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