INTELIGENCIA EMOCIONAL Y EDUCACION


La vuelta al cole, es un hecho. Algunos ya han empezado. Otros, los mayores lo harán el lunes. Y precisamente ahora, unos días antes de comenzar la dura tarea del año escolar,  me he reunido con un grupo de profesores. Les he intentado explicar lo importante que puede ser la inteligencia emocional en la educación. Un  término, que está tan de moda, pero que a veces, es absolutamente desconocido en la práctica. Es importante, es básica, la inteligencia emocional para quienes tienen en sus manos a nuestros hijos. Es fundamental que sepan transmitir a sus alumnos que realmente están allí por vocación, no simplemente porque es un puesto de trabajo más, porque no lo es. Y hay muchos que lo saben. Hay muchos que lo viven, hay gente que se implica, que se molesta, que se quema y que año tras año,cuando empieza setiembre , se propone ser mejor profesor, no perder los estribos, ser más justo, contagiar entusiasmo, acercarse al alumno que más lo necesita… a ese, que a veces, es el más conflictivo, y que esconde tras su desafío y su provocación, una enorme  necesidad de afecto, porque quizás nunca nadie se lo ha dado . Hay  “ profes” , afortunadamente, que día tras día , a lo largo de 9 meses, siguen pensando que son capaces  de cambiar las cosas, que pueden , desde su trabajo, ayudar un poco a educar a unos padres, que tanto necesitamos, en estos momentos, de toda la ayuda del mundo para formar a nuestros hijos.
 Por eso es importante para nuestros docentes que  se formen para mejorar su coeficiente emocional. El problema es que no lo hacen todos, y los que piden esa formación, suelen ser, precisamente quienes menos lo necesitan. No es fácil, y por eso aún me sorprendo agradablemente con quienes lo intentan. Trabajar para incrementar el coeficiente, de una inteligencia que  no se mide por los test, que no es cuantificable, es complicado, pero  en cambio  les aseguro ,  que todos apreciamos y detectamos a  quienes son superdotados en ella. Nos hemos encontrado muchas personas emocionalmente inteligentes en nuestro camino.  Personas especiales, que te hacen sentir bien, con las que te comunicas por un invisible hilo de emoción, que sienten como tu sientes, que saben escuchar, mirándote a los ojos, con una cercanía que te conmueve, que te contagia. Esas personas que no saben lo que es la inteligencia emocional, que nunca han oído hablar de su principal mentor, Daniel Goleman, que no han leído su libro ni acudido a ningún cursillo… Afortunadamente todos  tenemos a nuestro alrededor mucha gente que ha ejercido la inteligencia emocional, sin darle un nombre. Que simplemente han utilizado mucho amor en lo que hacen y en lo que dicen, sentido común y  muchas ganas. Y  que son , simple y llanamente , buenas personas, en el amplio y especial sentido de la palabra. Ni más ni menos. Y a mí, que quieren, me ha conmovido, que unos profesores, muchos de ellos con más de 20 años de docencia, quieran seguir aprendiendo para ser mejores, como personas y como docentes. Creo que son conscientes de que esa frase que tanto repito,  es real. Que sus herramientas de trabajos son mis hijos, los suyos. Y que esas herramientas son únicas e irremplazables. Por eso es tan especial y tan importante su trabajo  y por eso me he sentido especialmente reconfortada …a veces, estas cosas, te devuelven la fe en los demás y piensas que todo merece la pena .
 De todas formas, y aunque se que muchos de ustedes tienen un buen coeficiente, siempre se puede aprender algo. Les animo a que lean el libro de Goleman, que ha sido desde hace años, un referente en mi vida. No cambiará la suya. Ningún libro puede hacerlo. Pero al menos puede ayudarles a entenderla, puede darles  razones para comprender, para oir, para comunicar, y eso, siempre, siempre , es bueno. Esencialmente bueno.


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