HAY QUE PONER LÍMITES


Un reciente fin de semana, he tenido el gusto, de compartir jornadas de educación con más de cien padres a los que he tenido que convencer de que los límites son necesarios para nuestros hijos... que sin ellos crecerán inseguros, cuando no agresivos, pero sobretodo,  prepotentes, egoistas, egocéntricos, pensando en “ ser ricos”, como decía hace poco un estudio sobre juventud, como única meta de su joven vida. Eso, les decía a sus padres, tiene que ver con la falta de límites. Padres que no se enfrentan a la realidad de los problemas y que van solucionando las papeletas a base de comprarlos  y sobornarlos materialmente.... por eso, los problemas, van  creciendo con los niños y cuando te das cuenta estás ante un joven  irresponsable, violento, insolidario, que cree que todo se le debe, y que “maltrata” psicológicamente a sus padres desde la adolescencia. De esto, de la  adolescencia, también les he hablado, y hemos trabajado y discutido . Les he insistido en que deben volver la vista atrás, recordar como se sentían para tratar de entenderlos, para aprender a aceptar ese niño que ya no es tu niño, que no  es como tu soñaste, que no será un gran deportista o que no quiere ser médico, ni ingeniero, o que se enamora de un tipo con rastas que no te gusta un pelo, pero a ella sí. Los límites hay que marcarlos antes... desde pequeños para que luego en la adolescencia la crisis sea como debe ser, insoportable y cansada, pero normal, con la lógica separación de sus padres que debe ser interpretada como una necesidad del niño para hacerse adulto, para crecer por dentro sin ser clónico de papá o mamá. Se que es difícil aceptar muchas cosas y que sin querer proyectamos nuestros sueños, nuestros miedos, nuestra vida en fin, en lo que creemos que es nuestro... ese es el error. Los hijos no son nuestros... nadie puede poseer a nadie. Ellos son maravillosamente únicos e irrepetibles... no nos pertenecen. Nuestros, serán, con suerte,  los valores que hayamos podido transmitirles  y que el tiempo,  una vez superada la terrible adolescencia, se encargará de volver a poner en su sitio si la educación ha sido buena... es como una reválida. Las complicaciones que se ven tan a menudo en los adolescentes: adicciones a drogas y alcohol, fracasos escolares, crisis de ansiedad, depresión, no son más que el reflejo de lo que les hemos enseñado... o de lo que no les hemos enseñado... no son en realidad más que la consecuencia lógica de la falta de límites...
            Y hablando de límites, yo que estoy guerrera ( será la precampaña) quiero límites para todo. Límites ¡ ya!  Límites para las exigencias de españoles que no quieren serlo, límites para quienes  quieren compartir candidatura con asesinos, a esos hay que ponerles límites, pero  fuera de España, no queremos mendigar su condescendencia... así de fácil...y ejercer la autoridad es básico para establecer límites. Sin autoridad no puede haber orden. Y tenemos miedo a utilizarla , como padres, como políticos, como profesionales...no nos vayan a confundir con antidemócratas, con retrógados, no vayan a señalarnos con el dedo los intelectualoides que no respetan la libertad de expresión, cuando la opinión es distinta a la suya. Quiero límites para la televisión, límites para el mal gusto y la chabacanería...y ya puestos, límites a las obras faraónicas de Gijón, que me tienen más que harta, límites para las promesas de campaña incumplidas ( que se lo pregunten a Jove) ...y limites , por Dios, para el concejal de urbanismo, que nos tiene contentos...que sólo de pensar en tenerlo otros veinte años, me entra el “yuyu”, y cuando paso por la avenida de la  constitución  con su nueva iluminación, me entra como una depresión extraña , una tristeza que me embarga y me lleva derechita a subirme el ánimo acabándome la  tarta de chocolate de la nevera, que como ustedes sabrán, es antidepresiva...  así que creo que ante el panorama que se me ofrece... ante el chocolate... yo también debo ponerme límites.

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