VIDAS EJEMPLARES


Los lectores que sean de mi quinta, y los anteriores a ella, sabrán de que hablo ,cuando me refiero a unos tebeos  ( no eran comics, sino tebeos) que se llamaban “ Vidas ejemplares”. Eran historias sobre santos y santas, que a algunas les hacía pensar en seguir su camino y acabar siendo mártires  para defender su fe,  su virginidad o  sus creencias. Incluso, no era inusual, que las que estudiábamos en colegios religiosos,  tuviéramos una época en la que creíamos oir la llamada de Dios, que evidentemente tenías que obedecer para luego convertirte en santa. Las santas eran todas buenísimas, niñas que obedecían siempre  a sus padres, que trabajaban y que sufrían toda clase de tormentos físicos y psíquicos para alcanzar la santidad. Recuerdo a algunas compañeras , en aquella etapa mística. Yo no. Yo nunca. Es más. Estaba absolutamente horrorizada pensando que se me podía aparecer la Virgen y tenía que ser santa por narices. Y yo no quería. Y sufría . Y  recuerdo a  mi madre, que se reía muchísimo,  cuando me oía decirle,que no quería oir ni la llamada, ni nada de nada.Y rezaba constantemente para que no se me aparecieran. Que yo lo que quería era ser como mi madre. Que no quería ser monja, ni santa, que yo tenía que casarme y tener hijos.  Que a ver si luego iba a tener que sufrir muchísimo y que yo, solo pretendía  ser normal. Y conste, que digo esto, desde mi militancia religiosa, y sin ningún ánimo de crítica, eran aquellos tiempos y yo era una niña sin aspiraciones a  engrosar aquellas vidas ejemplares que no me gustaban nada.
. Sin embargo, miren como son las cosas, todo esto viene a cuento de una reflexión ( que yo es que a veces reflexiono) sobre  mí misma. Que me he dado cuenta, que de vida ejemplar nada de nada. Ayer, una amiga  me contaba algo sobre otra conocida común. Una chica normal, cuyas creencias religiosas no conozco, pero  cuya vida sí merece estar en esas vidas ejemplares de las que hablábamos.  Ella y su pareja forman parte de esas familias,  que adoptan niños, en preadolescencia, de golpe, dos, así como si nada. Hermanos, para no separarlos.  Que se enfrentan a la educación de dos personas en formación,  pero posiblemente ya deformadas por un pasado traumático. Y que lo hacen comos si fuera la cosa más natural del mundo. Que no quieren un bebé, al que educar desde los primeros meses, para que se parezca a ti, o a tu pareja, para que disfrutes de su infancia, para quererlo y realizarte viendo como va creciendo por dentro y por fuera. Un bebé sano, guapo, inteligente,  no.Ellos quieren a esos niños y viven por y para ellos. Que no tienen nada que ver con su mundo. Que traen una maleta llena de malos recuerdos, que sólo el amor absolutamente generoso de esta pareja, de todas esas parejas,  podrá ir borrando poco a poco. Y como ellos muchos otros. Parejas que adoptan niños con síndrome de Dawn, o con otro tipo de minusvalías. Gente que  ofrece su vida, entera, para que otros participen de  lo que tienen. Sin necesidad de irse lejos, ni apuntarse a una ONG. Así como quien no quiere la cosa, sin darle importancia. Simplemente les sobra amor, por todas partes… Los conozco porque son gente normal, porque los tengo al lado… y ustedes también… y me emociono y los admiro. Y me devuelven la fé en los demás, y hacen  que me  sienta,  muy muy pequeña y muy muy egoísta. Y pienso en mis llantos infantiles  porque no quería ser santa. No, como aquellas santas, siempre buenísimas, aburridísimas, sufridoras,  siempre castigándose y siempre tristes, y que al morir olían a flores … que me daba repelús…y además no tenían  hijos …Y ya ven. Ayer he vuelto a pensar en los santos y en los hijos.Y no me atrevo a ser santa. Sigo como antes, sin atreverme,  pero esta vez, me gustaría. Santas como estas. Como esas madres, como esos padres. Pero, ya ven, no soy tan valiente. Yo nunca formaré parte de esas vidas ejemplares…


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