ANITA Y MI SHOCK POST-VACACIONAL


Se acabaron las vacaciones... se acabó el verano. Y aquí me tienen otra vez para contarles todo lo que me pase por la cabeza. Todo aquello que pueda servirles para sonreír , para pensar, o simplemente ( y eso ya es mucho ) para leer algo... Esta nueva sección que empiezo este primer  sábado de setiembre es eso... una tormenta de ideas. Una técnica que utilizamos en psicología, en marketing, y en general cuando se hace una dinámica de grupos en la que se trata de encontrar solución a algún problema , tomar decisiones y de alguna manera fomentar la creatividad.. Se trata de que salgan todas las ideas que uno tiene, aunque puedan parecer en principio absurdas. Se presupone que después de la tormenta sale el sol...se trata de pensar y actuar pensando que todo puede tener solución, que sólo debemos buscarla... por eso yo, desde aquí trataré de encontrar ese sol, que tanto necesitamos  y no sólo metafóricamente hablando... porque sí... se va terminando para nosotros un verano...¿ verano?... que aquí desde luego no ha existido... los que vivimos pendientes del sol, lo hemos notado y mucho... nos falta algo, se nos ha escapado un verano en nuestra vida... y ahora empieza el otoño, que desde luego no es ni mucho menos mi estación preferida...el otoño está desde hace mucho tiempo, lleno  de enormes vacíos... Vamos, que parece, ya me dirán, que estoy abocada a la depresión postvacacional... pero ya ven.. será por llevar la contraria, o por mi cabezonería y mis ganas de luchar...pero empiezo esta etapa con fuerzas, con ilusión y con ganas. El principio de curso es para mí como el inicio del año. Todos esos propósitos que uno se hace el 31 de diciembre, como  adelgazar, hacer deporte, dejar de fumar, dormir más, trabajar menos, disfrutar más de la vida, etc... yo me los hago ahora. Terminaré este curso de escribir el libro que empecé hace años, comeré sano, me apuntaré a un gimnasio, dejaré libres los fines de semana, desconectaré el móvil en casa, me apuntaré a inglés.. etc, etc. Es decir , trataré en fin,  de ir cumpliendo los sueños que me hacen seguir adelante... grandes y pequeños sueños, por los que merece la pena despertarse cada mañana...Este verano me ha servido para desconectar...este último mes  simple y llanamente me he parado... y hacía tiempo que no lo hacía. He disfrutado, no del sol, desde luego, pero sí del ocio...he dormido grandes y maravillosas siestas, he reído con mis amigos de siempre, he leído novelas intrascendentes, he estado con mi familia  y he dejado que el tiempo pasase... simplemente... sin prisas, sin estrés... casi no he visto ni la televisión, y ustedes me perdonarán, pero ni he leído demasiado el periódico... me he aislado voluntariamente... y  siguiendo los consejos de mis colegas psicólogos he tratado de incorporarme poco a poco a la rutina para que el shock no sea muy fuerte... pero hete aquí, que lo primero que me encuentro cuando salgo de mi letargo estival... es un empacho total de Anita y de su boda...y claro casi vuelvo otra vez a mi retiro mental... porque me cuesta asimilarlo... de verdad.  Ya me parece chocante que una chica de 20 años decida casarse, sabiendo como sé, que últimamente la adolescencia se va alargando hasta llegar casi a la treintena; pero se puede pensar que la chica era muy madura... idea que deseché en cuanto vi la “ despedida de solteros”, que desde luego me indica que esta chica, tiene que tener algún tipo de problema. Ustedes me dirán que cada uno se casa y se “despide de la soltería” como quiere... pero lo que se sale de la norma, se sitúa en los extremos y por lo tanto ni esta “despedida” con los amigos que no van a acudir a la boda ( ochocientos, oiga), ni acabar con  cuatro amigas borrachas en un “ boys”.. sigo pensando que en el medio está la virtud, que desde luego es algo que la familia de nuestro presidente, no ha practicado. El hecho de que el padre de la novia no haya acudido a la fiesta, me hace intuir, que quizás, como en tantas casas , y en tantas familias, la boda y sus prolegómenos, le tiene ya más que harto y que puede no estar del todo de acuerdo con toda esta parafernalia... lo que le honraría... Se me ocurre que a nuestra “ primera familia” se le podía haber ocurrido practicar la “ tormenta de ideas” sobre la organización del evento... y que de entre sus cinco miembros ¡ por Dios! A alguien se le podía haber ocurrido que esta boda para una chica de veinte años es una solemne horterada... por muchos apellidos que la ilustren...

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