HIPERACTIVO

Lo he tenido hoy delante de mí. Tiene sólo 11 años y es un niño diagnosticado como hiperactivo y con un desorden de atención. Una de las características de estos niños es su tendencia a tener problemas, puesto que no existe en su cerebro una neurotransimisión adecuada para conseguir el control de sus impulsos. Había sido expulsado del colegio tres días, por su agresividad en el centro, y él me mira desafiante, contento, porque a pesar de su gran fracaso escolar, él es ahora el centro de todos los comentarios, ha logrado destacar en algo. Será temido y respetado por los compañeros y así su autoestima no estará como siempre por los suelos. Todos se han puesto de acuerdo en calificarle, es un niño problema y ya se sabe que a éstos niños hay que marginarlos desde pequeños, no vayan a contaminar a los demás... Sus padres no le aguantan, es un niño con quien hay que tener una paciencia infinita, es un enfermo a quien nadie le reconoce su enfermedad porque su sintomatología se parece peligrosamente a la de los niños con trastornos de conducta que hay que mandar a un internado, porque ya no existen los reformatorios... y sin embargo está ahí, con la misma mirada ingenua de mi hijo, con la misma necesidad de ser escuchado, comprendido y apoyado. Puede ser que este sea el comienzo del fin. Que mi pequeño paciente sea el día de mañana el protagonista de una de estas constantes noticias de violencia juvenil que leo tan a menudo últimamente. Quizás el ya ha sufrido el bombardeo televisivo de la violencia más injustificada, quizás ya ha jugado a esos inocentes juegos de ordenador en el que el protagonista remata al enemigo en el suelo con un cuchillo, eso sí, preguntado primero al jugador si lo quiere o no acuchillar. Quizás lo ha tenido todo, materialmente hablando, o no lo ha tenido y lo ha deseado, codiciado... nos hemos encargado de decirle de mil formas distintas, que sólo gana el más fuerte, el que más enemigos mata, el que sobrevive por su fortaleza y agresividad, quizás sabe que la ternura, la comprensión, el compartir sus juguetes, el pensar en los demás es cosa de niñas o de débiles... aprenderá a utilizar su fuerza, como ellas utilizan su cuerpo para ser TOP módel millonarias... es eso, el poder y el dinero lo único que importa... luego nos escandalizaremos y nos daremos golpes de pecho ante la noticia de otra muerte envuelta en la rutina del alcohol y las drogas del fin de semana... y pensaremos que esto nunca le podrá pasar al nuestro... y quizás, Dios no lo quiera, estemos equivocados...


Volver