PAZ Y TOLERANCIA


Estábamos hablando de paz y de tolerancia. Le intentaba explicar a mi hijo pequeño que la paz no era una palabra, era un sentimiento, algo mucho más importante. Que era una palabra que tenías que hacer tuya, empezando por ti mismo... Que no puede existir paz cuando estamos rodeados de intolerantes. Tratábamos de hacer un trabajo sobre la paz, definirla, hablar sobre ella... para el es aún una idea abstracta rodeada de todo tipo de tópicos...Van a hacer una marcha solidaria... para ellos posiblemente no sea más que un juego, pero alguien debería  dar sentido a las palabras. A todas esas palabras tan de moda:  solidaridad, tolerancia, antiglobalización, hay que darles contenido. Un contenido real , que entiendan nuestros hijos... porque sino lo siento, pero seguirán  sonándoles como a mi me sonaban : a monjas y a curas, a rollo religioso o ahora a  maratones televisivos...y eso a cierta edad, no se perdona. Hay que enseñarles a nuestros hijos, siempre con nosotros delante, las noticias del telediario, leerles los periódicos, y que vean, que sientan,  lo que significa cada una de esas  palabras y sobretodo  la realidad cotidiana de sus antónimos. Mientras hablábamos de esto, surgió la noticia de Barcelona. Un inmigrante apaleado y tirado al puerto por unos cuantos , no uno, no, sino varias personas,  a las que no les importó tirarle al agua y que no se preocuparon de ver si salía o no después de propinarle una buena paliza. Como pude le expliqué que hay gente que no “ tolera” a los diferentes, pero no sólo a los de diferente color o raza, sino a veces, a los que no piensan como ellos. Simplemente no quieren que nadie se distinga de lo que consideran una raza superior, el paradigma de lo humano, y en  el colmo del egocentrismo, no quieren que nadie se distinga de la imagen que les devuelve el espejo. Me da igual que sean españoles xenófobos, que no quieren que nadie  de fuera venga a trabajar , a quitarles lo que es suyo ( aquí también entra la palabra antónima de compartir, hijo), o que sean del gobierno vasco que no permite que nadie que no hable una lengua que creen única e irrepetible, pueda trabajar en sus escuelas, que muchos no toleran  que uno defienda ideas diferentes a las suyas...Le digo a mi hijo, que el no podría enseñar en las escuelas vascas porque no sabe euskera, que le están discriminando y marginando por eso, que nunca podría decir allí su opinión acerca de determinadas ideas, que eso es la intolerancia, la marginación, la falta de paz, un tipo de guerra en la que sólo utilizan armas unos... Los niños entienden muy bien lo de la “  marginación”... a veces se les margina porque no juegan al fútbol, o porque estudian mucho, o porque suspenden mucho,  porque no tienen la última consola o porque tienen gafas... los niños se marginan unos a otros, muchas veces, porque es lo que viven en sus casas, en sus familias. Todas esas palabras tan modernas, tan repetidas, tan manidas, que tanto manejamos todos: solidaridad, tolerancia, paz, no son más que complementos  de la esencia fundamental de algo  muy,  muy sencillo. De algo que a mí me enseñaron sin palabras, sólo con el ejemplo y que es lo único que quiero que aprenda mi hijo cuando hablo con el, que aprenda simplemente a ser una buena persona, una persona buena...lo demás no son más que palabras...

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