AÑO NUEVO SIN PROPÓSITOS


Tocan buenos propósitos. Ustedes harán como yo, me imagino, y se propondrán totalmente en serio, modificar todo lo modificable. Todo aquello que este año que termina, haciendo repaso mental estos días, nos dice una vocecita interna que deberíamos cambiar. Nos propondremos dejar de fumar, hacer deporte, perder los kilos que nos sobran, comer mucho más sano, apuntarnos al curso de inglés, y al de baile de salón y al de informática, y a lo que sea, porque lo importante es empezar el año con un montón de proyectos, que indefectiblemente cada nochevieja, volvemos a proponernos, precisamente porque no los hemos cumplido.
 Entre mis propósitos personales, además de los generales, estaban año tras año,  la firme decisión de ocuparme mejor de la casa, aprender lo elemental de cocina, que hay que ver lo que se ríen mis hijos de mis huevos fritos. Me mentalizaba para eliminar el estrés, organizarme, aprender a decir “no”  y no saturarme de trabajo, disfrutar de mi ocio, echarme la antiarrugas todos, todos los días, escaparme un fin de semana con el padre de mis hijos, ir a un balneario ( que no, que no va con segundas , palabrita del niño Jesús,  Doña Paz, ¡que estamos en Navidad! ) y en fin, darle la vuelta como a un calcetín, a  toda mi vida, lo cual es harto difícil.  Así que este año no hay deseos por mi parte. Me niego a sentirme año tras año una mujer sin voluntad, porque no he cumplido mis promesas navideñas.  O sea que seguiré currando sin prisa pero sin pausa, pasará otro año más sin irme de “finde” ( en argot juvenil, fin de semana), me desquiciaré porque no podré controlarlo todo, me sentiré mala madre, mala ama de casa, mala todo…  me iré arrugando como una pasita  porque no me echaré la crema todos los días y de esa forma renunciaré a ser como Isabel Preysler, que va quedando poco a poco más joven que sus hijas, aunque a mí en el “hola” ( esto es puro cotilleo) me parece como un cromo… y para  espanto de los gurús de la imagen y la salud que nos acribillan con lo que tenemos que hacer para ser y parecer perfectas, pues seguiré engordando, subiendo tallas al ritmo que la suben las mujeres de mi edad.  Y para más escarnio,  seguro que  todo mi deporte consistirá en dar una vuelta por la playa , eso sí en verano y un solo día, con lo que me sentiré toda una campeona. Asi que ¿ saben? Cuando oiga las doce campanadas, pensaré que ya tengo demasiada suerte como para intentar cambiarla, que mi vida está estupenda como está, que los años me  ponen arrugas y me quitan angustias, que quiero todo y me quieren mucho , así que ustedes me dirán si necesito más... simplemente seguir así. Simple y llanamente viviendo y queriendo... que no es poco. Pues eso… lo mismo que para mí , de corazón,  les deseo  a ustedes.

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