DIOS MIO QUE NOCHE


¡Dios mío que noche!.. No recordaba algo así en los últimos años. Después del tórrido calor de este anormal otoño, con 22 grados el sábado, el frío nos ha cogido desprevenidos. No sé exactamente que es lo que está pasando… se me ocurre, que como dicen los viejos del lugar, esto debe ser culpa de los americanos que están enredando en el espacio ( aunque ahora también contribuya nuestro compatriota astronauta), o igual de la capa de ozono y los “esprais”,   por lo que me he pasado inmediatamente al desodorante en barra   que es más ecológico.  Aunque  por otra parte pienso,  que quizás el culpable  sea Aznar, que seguro que para variar,  también  es el causante de todo  este desquicie de la naturaleza. La cosa es que el frío ha entrado tan a la traidora que ni mantas, ni calefacción ni nada… y en pijamita veraniego nos ha pillado… La noche en que todo comenzó ( la del miércoles al jueves)   me acosté como es habitual últimamente,   muy tarde, por lo que mi  cansancio  era tal , que a pesar de estar prácticamente congelada, no pude levantarme a ponerle remedio, que hubiera sido lo lógico… entre otras cosas porque mi “ bulto en la cama” se había convertido en una adherencia ( benigna y amorosa todo hay que decirlo) en un vano intento de conseguir el calorcín que nos dejara conciliar un sueño reparador… así que prácticamente inmovilizada me dediqué a dormitar, absolutamente helada,  mientras los rayos y truenos formaban una tormenta tan estruendosa que mi hijo pequeño me dijo al día siguiente,  que creía firmemente en una hecatombe atómica…. Y que quieren, a mí el frío, el granizo y la lluvia me producen un reflejo condicionado como al perro de Paulov…me suenan a cama  y a chocolate con churros…. Lo que me supone por supuesto una doble frustración… porque ni lo uno ni lo otro. La cama evidentemente la abandono muy tempranito, especialmente cuando me tengo que enfrentar al “overbooking”  en mi trabajo,   porque la gente, como el tiempo, anda revueltilla, y los niños y adolescentes también parecen acusar esta locura metereológica… y de chocolate con churros… para que contarles… desde que descubrí que mi maravillosa báscula electrónica  ( que se empeñaba en marcar cada vez menos kilos,  convenciéndome  de la eficacia de privarme de pequeños caprichos gastronómicos) está  tan loca como el tiempo,   y pesa exactamente cinco kilos menos… pues eso, el chocolate reconfortante tampoco me lo puedo permitir con la asiduidad que este tiempo me pide. Así que aquí me tienen,  totalmente traumatizada porque hoy voy a tardar como unas 17  horitas en volver a mi cama y en vez del chocolate con churros,  mi avituallamiento consistirá en una “sabrosa”  pechuga a la plancha con ensaladita y  mientras tanto, pues   me preparo,   con toda la resignación de la que soy capaz,  para enfrentarme a los elementos, a los vientos huracanados y al granizo que golpeará mi coche mientras trataré,  inútilmente por supuesto, de encontrar un hueco que me permita aparcar para poder llegar a mi trabajo medianamente seca…perra vida.

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