RECONCILIACIÓN

Reconciliación. Quizás sea una de las más hermosas palabras que yo conozco. Es una de mis palabras favoritas, quizás porque llevada por este maldito  genio que en ocasiones me domina, debo reconciliarme muchas veces en mi vida. En mis reconciliaciones hay de todo. Sentimiento de culpa, de redención, deseos de cambio, mucha ternura y siempre , siempre, la sensación de que debo mejorar, como persona, como esposa, como madre, como amiga, como profesional.. Pero cuesta. Es difícil asumir que somos tan imperfectos, que volvemos a tropezar una y mil veces. Ahora ya no  me importa pedir perdón. Es otra de las maravillosas lecciones que traen consigo los años. Me importaba antes, cuando el falso orgullo de la juventud, me impedía tener la humildad de reconocer mis equivocaciones, sin darme cuenta de que eso no me hacía inferior, sino todo lo contrario, mucho, mucho más grande. Reconciliación entre  padres e hijos…
Nadie sabe cuantas veces he tratado de que un padre se acerque a un hijo y sepa decirle  que se ha equivocado, aunque lo haya hecho con todo el amor del mundo, pero que debe  pedir perdón porque le ha hecho mucho daño… y nos e imaginan cuantos padres se han negado a hacerlo, cuantos, en su absurda rigidez, creen que el hecho de no reconocer sus errores les hace mejores a los ojos de sus hijos… Que equivocados están… tendrían que ver , como me sucede a mí cada día, cuantos hijos han conseguido acercarse a sus padres, porque les han visto reconocer lo mal que han podido actuar en un momento determinado, cuantos  de esos adolescentes, en ese difícil camino de ser persona, se sienten por fin, unidos a unos padres  que hasta ahora habían sido intocables , inaccesibles, perfectos y por todo esto, absolutamente  lejanos… cuantos chicos se han reconciliado con sus padres, cuando éstos han dejado aparte ese falso orgullo paternal… Reconciliación…cuantas parejas han roto un proyecto en común por no saber reconciliarse adecuadamente… por no saber pedir perdón a tiempo, por dejar que el rencor y el resentimiento ocupen el sitio de los besos y las lágrimas cuando descubres y eres consciente de que te has equivocado, o que has hecho un daño innecesario a   quien tanto queremos…
A veces confundimos principios, valores y fidelidad, con rigidez ,  con inmovilismo y no es lo mismo. Creemos que el hecho de confundirnos, nos resta autoridad, que el reconocer con nuestros amigos, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con los demás,  que nos hemos equivocado, nos hace más vulnerables… y  tenemos miedo, porque nos han enseñado a ir por la vida con una coraza, a no mostrar nuestros sentimientos,  y que el hecho de ir evolucionando  y por tanto errando, puede querer decir que no somos fieles a nosotros mismos. Y no es así. Con la vida aprendes que es muy importante  rectificar, cometer errores, porque de ellos se aprende. En cada reconciliación aprendes que la fuerza del perdón es mucho más importante que  el sentimiento de  fracaso, aprendes a no sentir la culpa como una losa, sino a seguir sorteando obstáculos en esta vida, cayendo y levantándonos, sabiendo que  es duro, pero también mucho más  hermoso que ir siempre por un camino recto, aburrido…. y perfecto. La reconciliación implica la asunción de errores y eso es ni más ni menos que la vida.
Yo trato de asumir los míos y seguro que muchas veces no lo hago. Uno de ellos ha sido juzgar al nuevo Papa a la ligera. No me gustaba. Quería un Papa más abierto, que ayudara a que los cristianos no siguieran un camino distinto al de la iglesia, quería un papa cercano como el que se fue , como el que pidió perdón por los pecados de la iglesia. Casi me dejé engañar por las opiniones de todos los intelectuales del pais: inmovilismo, inquisición, extremismo  etc… y de repente, leí lo primero que dijo. Habló de reconciliación… fueron sus primeras palabras . Y como siempre tras el primer impulso, la primera impresión…Me detengo. Y esa palabra reconciliación,  me conmovió.  Y creo que se merece al menos, mi confianza, mi fe y mis oraciones. Solo pido, y espero, que lleve a su iglesia, que es la mía, la reconciliación que yo trato de llevar a mi vida. Que no es poco… Que así sea.


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