NO QUIERO SER COMO BECKAM


Aquí estoy, como saben, con mis hijos en el campamento, ( bueno ya llegan esta semana )y por tanto  dueña absoluta del mando a distancia, y sin nada que hacer así a priori( porque esto de escribir para ustedes,  no es trabajo),  y yo , rarita que es una, para reinconporarme a las vacaciones y que no me supongan un shok, pues voy entrando en ellas poco a poco, como aconsejamos los psicólogos para la rentrée postvacacional, pero al revés, para la rentrée prevacacional. Porque he descubierto que no puedo pasar de una actividad frenética,  a no hacer nada, sin que la adrenalina se rebele y me den muchos “yuyus”.....Asi que  voy dejando poco a poco  algún día sin nada que hacer, para ir acostumbrándome... y entonces ... pues me dedico a zapinear mientras les cuento algo de mi vida. Sobretodo teniendo en cuenta que ir a la playa lloviendo me deprime muchísimo...Así que me acomodo y.... me doy cuenta de que es una ventaja el no ver  la tele por la tarde, ( por la noche reconozco mi adicción, porque me relaja cualquier cosa cuando vengo del trabajo), porque sino no ganaría para klinex... y es que una está muy blanda. Y paso del diario de no sé quien , a otro de la primera y luego a otro más, en el que hay madres que conocen por primera vez a hijos que han dado en adopción, o se reencuentran tras mil años de ausencia, y todos lloran  y se abrazan  y yo... pues también... lo que de verdad , me averguenza bastante, porque es el colmo de la cursilería y de la cutrez, pero no lo puedo evitar. Si trato de huir de los “reality” veo otros aún peores, en los que unos atacan a los otros sin piedad, se acusan de ladrones, de homesexuales, narran si se acostaron o no con este o con aquel, y encima con imágenes  que se copian de cadena en cadena, con lo que he contado hasta diez veces la misma escena,  en distintos programas, y a veces hasta tres veces repetida por los mismos presentadores... todo ello entre gritos e insultos,  a una hora estupenda para que lo vean todos los niños, que quieran. Con seguridad muchos de ellos,  serán los nuestros, asturianos que no van a la playa y que están pegados a la tele, quizás porque sus padres trabajan o porque están encantados de que no den la lata... no lo se...Debe ser que estoy hipersensible, porque luego tratando de encontrar algo que me reconforte y me cure la sensiblería televisiva  y el coraje de ver tanta basura junta, paso a los informativos , fijándome  en lo deportivo, convencida de que con lo que a mi me gustan los deportes, ( o sea nada), me podré centrar en escribir este artículo, sin moquear. Pero hete aquí, que me encuentro por milésima vez a Bechkam, que por otra parte, me ha hecho quitar los ojos de la pantalla de mi ordenador porque la verdad es que guapo, es guapo. Y a lo que iba, David, está allí, en medio del campo, otra vez, en una imagen que habré visto como quinientas veces, cuando desvela la sorpresa  del mágico número 23 de su camiseta, que le hará ganar unos pocos de millones de euros más, sonriendo , amable y encantador y recibiendo entre sus brazos al espontáneo infantil, que logró tocar a su ídolo y recibir una camiseta de sus manos, gesto que vale unos pocos de millones más para sus arcas... y entonces  me sorprendí suspirando otra vez, y berreando nuevamente, no sé si por el gesto entrañable o porque como ese niño, millones de otros niños como el, estarán soñando con convertirse en un crak como David,  sin vida privada, rodeado de guardaespaldas, encargando la ropa en alta costura, aunque sean vaqueros rotos de medio millón, y creyendo ciegamente que esa es la meta y el fin de cada niño del mundo occidental, pensar sólo en ser como él,  una máquina de ganar y fabricar millones y millones, que al fin y al cabo es lo único que importa... y que quieren , vi que nuestros niños están perdidos si este verano ven la tele... y  seguí llorando y esperando que en algún sitio, en algún momento, haya algún niño del mundo que todavía piense en que la vida es algo más que ser millonario, que quiera ser simplemente feliz y hacer felices a los demás, y que grite fuerte, fuerte... pues ¡ yo no quiero ser como Beckam...!

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