JUEVES 8 DE LA MAÑANA


Es jueves, 8 de la mañana. Tengo que mandar hoy este artículo. Como siempre me despierto con la televisión, porque entre otras cosas, me informa rápido y pronto, de lo que pasa en esta vida, que con tanta prisa y tanto estrés , me estoy perdiendo. Hoy es uno de esos días en los que una hubiera preferido no asomarse al mundo. Uno de esos días en los que todo se te antoja irrealista, como si no hubiera despertado de esas pesadillas que de vez en cuando te asaltan y de dejan el alma encogida. La realidad ha superado todo el horror imaginable. Veo niños, chicos como mis hijos, y no puedo hacer otra cosa que llorar, de rabia , de impotencia, de pena… no puedo evitar pensar en los familiares, aterrorizados, sin saber que ha sido de los suyos. Tengo la extraña facultad de ponerme muy fácilmente en el lugar de los otros. Quizás por mi profesión. No lo sé.  Por eso siento, les juro, como mío,  ese horror indescriptible, una pena tan, tan honda que cada vez se asienta más en mi alma, y me deja casi paralizada. Una pena  que ahoga todos esos sueños de que podemos conseguir un mundo mejor, que podemos luchar pacíficamente por la paz, que todos unidos, podemos superar todos los problemas, que la gente es fundamentalmente buena, que en política también hay gente honrada que trata de trabajar por y para nosotros, los ciudadanos. Hoy , como tantas otras veces, han vuelto a asesinar esos sueños. Me han dejado vacía, totalmente. No tengo ganas de escribir. Solo quiero dar gracias a Dios, simple y llanamente por no haber vivido en Madrid, por no haber tenido que ir al instituto o al trabajo, por tener la suerte de no tomar  ese tren de la muerte. Solo puedo, mirar a mis hijos y a su padre, y sentir, como la pena, hoy por hoy supera a la rabia… y eso a mi me deja sin ganas de luchar. Solo, solo me queda rezar, solo eso.

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