SAN VALENTÍN


El amor, en teoría, no debería tener días especiales para celebrarlo. Ni por supuesto necesitaría nadie un día  determinado  para  demostrar el amor hacia  los padres, o  las madres, ni deberíamos sentirnos obligados a regalar en unos días concretos,  especialmente cuando estos días los marcan por tradición los grandes almacenes.  Pero las cosas están así, o como decía, el otro, así nos las han contado. Y esto, sucede ya ,  desde tiempos inmemoriales, ( tanto que yo recuerdo haber nacido cuando ya existían) , con lo cual, uno se puede quedar con una  terrible frustración y el más horrible de los sentimientos de humillación y desprecio, cuando los suyos,  y conozco casos de verdaderas tragedias familiares,  el día de la madre, del padre o de S.Valentín, no le llegan con al menos, un detallín ( y rima).  Y yo no soy menos que nadie, por lo que doy por buenos, los dos primeros.. O sea, el día del padre y de la madre, que celebro con entusiasmo, entre otras cosas, pues porque parece que queda requetefeo que ese día tus vástagos pasen de ti, como suelen por edad y lógica , hacer habitualmente, y no aparezcan con cualquier “ tontería” con la que habitualmente te das más que por satisfecha. Y porque , además, aprovechas dichos días, para tocarles la vena sensible y agruparlos a tu alrededor, y ese es, sin duda,  el mejor regalo de esa celebración . Así que yo me hago la loca, y lo festejo como la que más.   Por lo tanto vaya por delante que yo soy de lo más normal y regalo y me regalan, me dejo engañar por las Navidades, ustedes lo saben, y estoy más contenta que unas pascuas, porque este tipo de  operaciones,  en la que intervienen  sorpresas y compras ,  me resultan absolutamente emocionantes.
Pero lo  de S.Valentin, es que no puedo. Que quieren, no va conmigo. Realmente ha sido algo que nunca he  “ celebrado”, porque me ha parecido, desde el más absoluto de los respetos hacia quienes si lo festejan, un poco cursilón… y no es que yo sea precisamente la antítesis de lo dulce y acaramelado, que va, es más que evidente, pero  me hacen mucha más ilusión unas flores de vez en cuando ( bueno vale, muy, muy  de vez en cuando, ) que un regalo en ese día en el que los corazones, de verdad, es que me salen por las orejas. No soporto los  anuncios,  ni los programas de la tele ni los reportajes en las revistas  de cómo “disfrutar esos días con tu pareja” . No iría ni muerta a esos  hoteles con encanto para san Valentín,  que te regalan una cena romántica y te sorprenden con una rosa  sobre un cojín rojo en forma de corazón… que no,  que no puedo.   Es que sólo de pensarlo, de verdad que me dan escalofríos. Algo parecido a lo que me pasa con el carnaval. Ahora que lo pienso, igual es que lo relaciono y todo. Y como el festejo carnavalero de Gijón mejor dicho, cualquier tipo de carnaval, que  sólo tolero para los niños, es una de mis más terribles fobias, pues eso, que S. Valentín que coincide en fechas, pues como que  por simpatía también me da un asco espantoso. Asi que aunque sea impopular, yo ni por todo el oro del mundo iría de comadres, ni  me disfrazaría en el desfile,  y negaría en mi lugar de trabajo que un ramo de rosas con miles de corazones rojos carmesí colgando  fueran para mí.   Aunque  alguno piense que la terrible realidad es que lo que pasa es que mi pareja no me quiere… pues no. Pues sí, que sí que me quiere.  Yo que lo sé, aunque ambos no celebremos , como es preceptivo, el día de los enamorados….

Volver