ERA MI PAPA

Lo pedía el sábado pasado y mis deseos se cumplieron. Se terminó su agonía y de alguna forma también la de todos. La mía. Esa que tanto me recordaba otras despedidas, y que quizás por eso no podía resistir.
No queda nada por decir. No he querido darme cuenta de que se iba, como tantas otras veces. Era muy especial. Fue un Papa especial. Un Papa que de una u otra forma ha estado especialmente ligado a mi vida..
Su primera visita a España, en el 82, es confusa para mí. Había sido un Papa que adoraban aquellos  que mientras el estaba preparando su viaje a España, se preparaban también para irse para siempre  de  mi vida… en aquellos días de su primera visita.  Por eso recuerdo aquel viaje…  envuelta en una mezcla de sentimientos. Dolor y desgarro absoluto,  y alegría  por el nacimiento de mi primera hija. Casi puedo cerrar los ojos y ver entre lágrimas como besaba el suelo español por primera vez. . Volvió un poco después… Nacía mi segundo hijo. Una emoción especial…Otra vez recuerdos… y pena y alegría mezcladas…  Su tercer viaje coincide también con la llegada del tercero de mis hijos . Siempre la vida… el inicio de  la vida de mis hijos  unida a su mirada, esa tan especial,   su presencia en la pequeña pantalla, esa presencia que lo llenaba todo… su  forma de acariciar a los niños… y mis lágrimas, mis recuerdos, esa extraña paz que me transmitía… la necesidad de poder verle, de abrazarle…Siempre cerca en esos momentos. Los más especiales, los fundamentales en mi vida, cuando yo era más vulnerable…

Por todo esto, ahora pienso, que como tantas otras veces en mi vida, no he querido ver su agonía. He protestado, he luchado,  no quería enfrentarme al dolor de esa forma…he tratado de correr, de no pensar… y el asomándose siempre desde su balcón. Para estar cerca. Obstinado, mirándome desde su sufrimiento… Y yo no quería… Y yo, sin verle, pasando….sin pensar, sin rezar… Y al fin se ha ido. Y me he detenido…Y me he parado a pensar . Y por fin he podido llorar, y rezar.  Y he oído algo que me ha impactado. Que su agonía pública,  esa que yo critiqué, ha sido su mejor catequesis.  Y entonces he pensado que quizás sí. Que quizás su  sufrimiento , su dolor, su valentía al seguir hasta el final, ha tenido sentido. … quizás él  ha tenido razón y yo estaba equivocada. O confundida por los recuerdos, por el dolor, por este no querer enfrentarse cara a cara con una muerte que no está bien vista en una sociedad que siempre mira para otro lado… como yo . Posiblemente esta ha sido  su mejor lección… aunque a mi me haya dolido tanto. No lo sé. Tal vez ha sido una lección,  que como tantas otras, me queda por asimilar, por integrar en mi vida, en esa que va tan rápida, demasiado rápida.

Era un Papa muy especial para ellos.   Su sueño era llegar a verlo. No pudo ser. Y desde entonces ha sido también un sueño mío. Mi pequeña obsesión. Algún día le veré… y le daré las gracias por esa paz, que sé que les  transmitió , por esa fé que él irradiaba y  que ayudó tanto a quienes se  iban cuando el llegaba aquella primera vez  a mi pais… Un sueño que no he podido cumplir. Pero también sé que  algún día iré a Roma, y  que lo entenderá… y sabrá que estoy allí, cerca de él, para darle desde lo más profundo de mi alma, las gracias .  Gracias…  por todo. Por ser  ya  para siempre  mi Papa…. Por ser el de ellos...Por ser el  Papa de todos, incluso de quienes faltando a la mas elemental solidaridad con el dolor ajeno,  no han sido  capaces de mostrar su respeto con un minuto de silencio, en el congreso. A pesar de ellos mismos, él, en su grandeza, también era su Papa.


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