EL GEN MASCULINO DEL MUNDIAL


He de reconocerlo...parece que esta vez me ha enganchado. Desde que  vi llorar a Casillas en la final del Madrid ( si la novena), la verdad es que la vena futbolística que creí haber perdido  desde aquellos  mágicos tándem Quini – Churruca, Quini – Ferrero,  parece que ha resurgido... ustedes recordarán como yo... ¡que pena que los jóvenes se lo hayan perdido! No puedo olvidar que yo, que entonces era joven, muy muy joven, (en serio), vibraba y me emocionaba cada vez que el balón se iba al extremo izquierda y todos gritábamos al unísono, “ ahora Quini, ahora”...¡ Que recuerdos! Pues  todo eso lo había perdido, porque la verdad es que la vida te lleva por sitios en los que el fútbol para nosotras no tiene mucha cabida... los niños, el biberón, la toma, el llanto, los deberes..... no saben de penaltis, ni de goles, ni de corner... y claro, si alguien tiene que dejar la afición... pues eso, lo más normal es que sea la mujer ¿verdad?.... bueno, pues ahora no hay niños, ( al menos no tan niños), ni biberones, ni llantos... los deberes si, y muchos, pero ya se las arreglan solitos... y entonces una ve el fútbol con ojos de madre cuyos hijos podrían ser, sin ir mas lejos,  un Casillas mismo... y una se enternece y le entra la vena patriótica y empieza a interesarse por la selección y se emociona  con los gestos de besarse el anillo de casado cuando por fin entra el balón en la portería del portero esloveno, o cuando brindan , como los toros, el ansiado gol al bebé imaginario que acunan en sus brazos... vamos que se me cae la baba....y hablando de babas... ¡ horror! ¿Que son esos cientos de “salivas”  lanzadas en forma de escupitajos, lapos, o como se quieran llamar, que  nos ofrecen las cámaras en primer plano, a cámara lenta, desde todos los ángulos y con todas las caras de todos los jugadores, sin distinción de razas, paises o culturas? He tratado de esbozar alguna teoría que fundamente el hecho de que todos los hombres futbolistas que he visto en mi vida, estén continuamente lanzando con una fuerza extraordinaria los escupitajos más asquerosos que puedas ver, porque son a todo color y de verdad, muy de cerca. He tratado de racionalizar y he pensado que quizás sea que están acatarrados y no van a llevar un pañuelito... lo entiendo... pero  ¿todos? No es posible. ¿Será la práctica del deporte, el esfuerzo? Tampoco, nunca he visto a un jugador de baloncesto.... claro que la cosa tendría su gracia... no me imagino la cancha cubierta de... en fin.. O sea que sigo sin aclararme del todo. Quizás en algún momento puedas ver a otro deportista haciendo lo mismo, pero desde luego no con el porcentaje que lo hacen los futbolistas... al final, he llegado a la conclusión de que es una compulsión... quizás la ansiedad se mitigue con el hecho de lanzar fuera, lo más lejos posible un gran escupitajo que libera las malas energías y atraiga  la buena suerte.. y por eso no lo pueden evitar...aún así... yo creo que sería mas higiénico tener otro tipo de compulsión... que se yo, tocar  el banderín de corner cada vez que pases , rascarse la cabeza, hacer la voltereta atrás , no pisar las raya del área, no darle la espalda a un compañero determinado, llevar un ajo en el bolsillo ...en fin, manías haylas y muchas, pero de verdad , serían más llevaderas y menos desagradables cualquiera de estas ¿verdad?... por otra parte, creo que esta sensibilidad hacia los escupitajos es más bien femenina, porque les prometo que no veo arquear ni una ceja a los hombres de mi casa, lo que me hace pensar otra cosa... esto tiene que ser una “cualidad “ eminentemente masculina... pues sí. Lo he comprobado personalmente. Como investigadora que soy de la mente y del comportamiento humano he intentado conseguir lo mismo... y ha sido absolutamente imposible... sin embargo el concurso de distancia ha podido ganarlo cualquiera de mis hijos...lo que confirma mi teoría... el lanzamiento de escupitajos está en un gen masculino... y los jugadores de fútbol lo tienen más acusado... por eso se hacen futbolistas,  para poder hacerlo sin reparos y constantemente... y que todos lo veamos mientras cenamos... pues eso.


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