CUÉNTAME 3 FIN DE LA TRIOLOGÍA


Esta será la última entrega. Pero es que tengo que contarles mi último sueño. Todo empezó con un episodio de “cuéntame”,  que hizo que mi subconsciente    retrocediera en el tiempo y que consiguió que en  los brazos de Morfeo me encontrara con una futura nieta que escuchaba mis recuerdos de otra época. A la semana siguiente mi nieta se volvió a aparecer en  mis sueños y esta vez era ella quien me hablaba de mi futuro, de su presente. En el sueño de esta semana junto a ella, junto a mi ya querida nieta, estaban otros dos niños que por los rasgos , que  tanto  me recordaban a sus padres, me habían hecho triple abuela, lo que como ustedes saben,  me llena de alegría porque necesito niños en mi vida, ahora que los míos han dejado de serlo. Los tres estaban maravillosamente atentos, escuchando mis palabras, las palabras de una anciana... y me oí a mí misma tratando de explicar a aquellos mis nietos del futuro, como era el mundo del 2002. Les hablé de mi miedo ante esas manchas negras, manchas de pobreza, de miedo y de muerte, que se extienden desde Galicia, que se acercan a nuestras costas y que amenazan también el cantábrico... ese mismo cantábrico que  tuvo sobre sus aguas un barco que   llevaba casi 1400 kilos de otro tipo de muerte, de cocaína. Una muerte más sofisticada y no negra... blanca, muy blanca,  que tiene a muchos jóvenes y muchos otros adultos, con la vida pendiente de una raya que les haga sentirse los dueños del mundo, que mitigue la soledad, la desesperanza, que les haga ser más sociables, más atrevidos, que les haga seguir la “ marcha” para no desentonar, para no estar fuera de onda... porque además esta es una muerte limpia. No deja huellas, simplemente estallas, silenciosamente, con una enfermedad rápida que colapsa tu cerebro o tu corazón... sin jeringuillas, sin enfermedades marginales, sin el rechazo de una sociedad que no sólo mira hacia otro lado, sino que llega a tolerar la “ droga de la alta sociedad : la droga del champán”, porque sus usuarios tienen lo que más importa en la sociedad que vivimos en este siglo: el dinero. Eso, hijos, les dije, es lo que mueve todo en este momento. Es complicado explicaros todo esto, porque es un tema que a vuestra abuela le duele mucho... he visto muchos chicos , muchos jóvenes en mi vida profesional, que destrozan un futuro que casi no ha empezado,  por ese maldito polvo blanco. Por eso esta semana ha sido una excelente noticia el que al menos ese cargamento no haya  llegado a sus destinatarios. Quizás, pensé, este fin de semana haya unos cuantos jóvenes que se hayan librado de comenzar con una dependencia que anulará su voluntad, que destruirá sus cerebros y sobretodo que les hará vivir una vida falsa y perderse tantas y tantas cosas maravillosas que deben disfrutar con los cinco sentidos, sin necesidad de ayuda, sin necesidad de ser los mejores, los más brillantes, los más ocurrentes... porque eso, hijos , es lo que les enseña el mundo en el que yo he vivido. A ser los más competentes, a aguantar un ritmo de vida frenético orientado siempre hacia el trabajo, pero no por una realización personal, sino como un escalón para subir al podio al que todos aspiran... el del poder, el del dinero...una batalla y una competición  para la que muchos de estos jóvenes no están preparados. La mayor de mis nietos me preguntó entonces si todos la juventud era así... si todos necesitaban ayudas, estímulos porque nada les resultaba lo suficientemente atrayente.... les dije  que había muchos, cada vez más, y que cada día me enfrentaba con la responsabilidad de enseñar a unos padres que han perdido a sus hijos, a recuperarlos, y a la tarea maravillosa y muy muy difícil de hacer que esos chicos se enganchen a la vida... lo que de verdad, tal y como están las cosas no es nada sencillo... pero no nos pongamos tristes, les dije, no creáis que todo es así... hay muchos adolescentes que pasan sus crisis y las resuelven de la mejor forma posible, que se caen y se levantan, que son fuertes y saben decir no... Muchos más de los  que los mayores nos suponemos. Jóvenes que luchan por sus sueños, que estudian, que trabajan, sensibles y solidarios, futuros buenos padres, involucrados en la educación de sus hijos. No todo es malo en mi época,  yo recuerdo el pasado, hijos, y puedo soñar el futuro... pero os aseguro que disfruto y vivo intensamente un presente que agradezco cada mañana... sobretodo esta semana en la que uno de esos jóvenes ha abierto la puerta de la esperanza... se llama Villa y es, hijos, posiblemente el futuro  del Sporting...ese futuro que ya es vuestro.

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