SE ME HA PERDIDO UN VERANO


Es la vuelta. El regreso. Tras dos meses sin encontrarme con ustedes, puedo decirles, sin ningún ánimo de peloteo, que es lo único que me apetece reemprender…. En realidad es porque tengo el horroroso sentimiento de que he perdido un verano. Se que esto sucede cada vez más a menudo, a medida que las hojas del calendario van pasando como en una peli en blanco y negro. Cuando te das cuenta, todo se ha ido: la playa ( más bien poca) el sol, las terrazas y la sidra.  Y una tiene el famoso síndrome post vacacional, que en realidad es darle un nombre a algo tan viejo como el mundo y que tiene que ver con la  vuelta a la rutina de siempre, aunque como en mi caso, esa rutina, ese trabajo, sea uno de los alicientes de mi vida… pero lo cortés no quita lo valiente. Me encanta mi trabajo, pero no soy masoquista, y aún no me siento suficientemente descansada. Han sido pocas semanas, esta vez menos que nunca, y el trabajo de este último curso, más duro que de costumbre. Todo ha hecho que tenga la impresión de que aún necesito vacaciones… entre otras cosas porque mi ama de casa también las ha tenido ( como es natural y más que merecidas) y claro me ha tocado a mi, realizar las tareas, para las que les juro, no tengo absolutamente ninguna, pero ninguna aptitud… Aún así, me he obsesionado con tenerlo  todo requetelimpio, porque verán… es que algo pasa con el chip cerebral del ama de casa, que una vez que  te metes, parece que no puedes parar de recoger, limpiar, ordenar, y al menos en mi caso, comprar todo tipo de productos que huelan a pino, a limón, y que dejen el baño con brillos como en la tele, y el suelo como una pista de patinaje… ¿el resultado? La ropa blanca con un color ala de mosca, (consecuencia natural, como decía mi hija,  de alguna prenda negra que se me coló por lo visto), la fregona partida a la mitad, por el ímpetu en querer quitar las manchitas de los azulejos que realmente formaban parte de ellos ( o sea que eran como “ jaspeaos”), los pantalones sin raya (afortunadamente para los de los niños que  son modernos y por lo visto van sin ella)  y los otros, los pantalones  del padre de mis hijos, pues con dos , que mira que es complicado y lleva tiempo hacer una sola…  ¡que se le va a hacer!…… Total que un poco frustrada porque la verdad es que es un trabajo que no termina nunca. Acabas de recoger la cocina , barrer, fregar, etc, y otra vez, al segundo, como si nada… es absolutamente desesperante, entre otras cosas porque falta el reconocimiento, que todos, pero todos, necesitamos por hacer bien nuestro trabajo. Evidentemente ningún miembro de mi familia me daba las gracias por encontrarse las cosas hechas, porque en estos casos, creo que piensan que se hacen solas. Por eso es importante ponerse en el lugar del otro, de vez en cuando, que es la única forma de saber lo que se siente. Y les aseguro que yo, al hacerlo, cada vez admiro más a las mujeres que se encargan de la intendencia y el mantenimiento de la célula familiar. A mí afortunadamente me ha llegado el relevo. Así que ya no me toca planchar mientras veo en la tele, más que nada por estar acompañada,  si las lesbianas de la tele, lo son de nacimiento o porque de repente les ha dado un aire, y ya no veré más si Fran y Eugenia se juntan o no, que ya se que no, o cualquier otra sandez con las que nos martirizan cada verano, como en un “deja vu”… y vuelvo a lo mío, que entre otras cosas, es contarles a ustedes mi vida… En fin, lo que les decía,  por Dios que pereza…¡necesito vacaciones!   que alguien me ayude… ¡que se me ha perdido un verano!

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